Leptospirosis en perros: qué es, síntomas y prevención en otoño e invierno

La leptospirosis es una de las enfermedades infecciosas más relevantes en perros durante el otoño y el invierno. No porque sea exclusiva de esta época, sino porque las condiciones de humedad, lluvia y temperaturas moderadas favorecen la supervivencia de la bacteria responsable en el entorno. Conocer cómo se transmite, qué síntomas provoca y cómo prevenirla es fundamental para cualquier propietario de perro que salga a pasear en zonas con charcos, barro o vegetación húmeda.

Qué es la leptospirosis

La leptospirosis es una enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Leptospira. Existen múltiples serogrupos, varios de los cuales pueden afectar al perro y, además, son zoonóticos, es decir, transmisibles al ser humano. La bacteria afecta principalmente al hígado y a los riñones, y en casos graves puede producir un fallo multiorgánico con consecuencias fatales si no se trata a tiempo.

Por qué el otoño e invierno aumentan el riesgo

La bacteria Leptospira sobrevive en agua dulce, barro y suelo húmedo durante semanas, siempre que las temperaturas no sean extremadamente bajas ni altas. El otoño es especialmente propicio: las lluvias frecuentes crean charcos y zonas encharcadas, las temperaturas son moderadas y los roedores —principal reservorio de la enfermedad— se desplazan más en busca de refugio. Un perro que huele, bebe o simplemente pisa agua contaminada puede infectarse con relativa facilidad.

Cómo se transmite la leptospirosis

La leptospirosis se transmite principalmente a través de agua o suelo contaminados con orina de animales infectados, sobre todo roedores (ratas, ratones), pero también de otros perros, cerdos, vacas o animales silvestres. Las vías de entrada más frecuentes son:

  • Contacto de las mucosas (boca, nariz, ojos) con agua contaminada
  • Ingestión de agua de charcos, ríos o zonas encharcadas
  • Contacto de piel con heridas o mucosas con suelo o barro contaminado
  • Mordeduras o contacto directo con animales infectados

Los perros que viven o pasean en zonas rurales, cerca de campos, ríos o parques con presencia de roedores tienen un riesgo significativamente mayor.

Síntomas de la leptospirosis en perros

La presentación clínica puede variar mucho según el serogrupo implicado y la respuesta inmune del animal. En algunos casos los síntomas son leves; en otros, la enfermedad avanza rápidamente. Los signos más frecuentes incluyen:

  • Fiebre súbita
  • Letargia y falta de apetito
  • Vómitos y diarrea
  • Sed y micción excesivas (señal de afectación renal)
  • Ictericia: color amarillento en mucosas y ojos (señal de afectación hepática)
  • Dolor muscular o rigidez al moverse
  • Dificultad respiratoria en formas graves

Ante cualquier combinación de estos síntomas tras un paseo en zonas de riesgo, es recomendable acudir al veterinario sin demora. El diagnóstico precoz mejora significativamente el pronóstico.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y orina junto con pruebas serológicas específicas para Leptospira. La analítica puede mostrar elevación de enzimas hepáticas y marcadores de función renal alterados. El tratamiento se basa en antibióticos (penicilinas o doxiciclina), fluidoterapia para apoyar la función renal y hepática, y cuidados de soporte. El ingreso hospitalario puede ser necesario en casos graves.

Vacunación: la principal medida preventiva

Existe una vacuna eficaz contra los serogrupos más prevalentes de Leptospira. En la mayoría de los países europeos se incluye en el protocolo vacunal básico del perro, generalmente combinada con otras vacunas. La vacunación no elimina completamente el riesgo de infección, pero reduce de forma significativa la probabilidad de desarrollar enfermedad grave. Es especialmente importante mantenerla actualizada en perros con alta exposición: los que pasean en zonas rurales, cerca de agua o con contacto frecuente con otros animales.

Cómo reducir el riesgo durante los paseos de otoño e invierno

Algunas medidas prácticas pueden reducir la exposición de forma significativa:

  • Evitar que el perro beba de charcos, estanques o cursos de agua naturales, especialmente tras lluvias intensas.
  • Limpiar y secar bien las patas tras el paseo con toallitas específicas para mascotas, prestando atención especial a los espacios interdigitales.
  • Evitar zonas con evidencia de presencia de roedores o animales silvestres.
  • Mantener la vacunación combinada (incluida leptospirosis) al día con revisiones periódicas.
  • Consultar al veterinario si el perro tiene heridas abiertas en las patas antes de pasear por terrenos húmedos.

Nutrición e inmunidad

Un sistema inmune bien preparado no previene la leptospirosis, pero puede condicionar cómo el organismo responde ante la infección. Una alimentación de calidad adaptada a la edad, el tamaño y el nivel de actividad del perro es la base de un sistema inmunitario saludable. Los suplementos con vitaminas, minerales y antioxidantes pueden ser un apoyo complementario durante los meses de mayor exposición, siempre bajo indicación veterinaria. Si el perro pasa mucho tiempo en exterior con suelo húmedo, una cama elevada y seca en casa reduce además el contacto con posibles superficies contaminadas.